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7 CONSEJOS PARA UNA NAVIDAD SALUDABLE

¿Por qué queremos ser felices en Navidad? ¿Por qué hablamos de amor y perdón en Navidad? Porque necesitamos una época para mirarnos, para tomar consciencia del momento en el que estamos. Un momento para analizar nuestra vida (si queremos), revisar lo que queremos y podemos cambiar para estar más alineados con nuestro Ser y en armonía con el entorno. La Navidad nos concede ese espacio personal si sabemos mirar más allá del empuje de cenas, comidas y compras. Ya no sólo como una creencia religiosa (para quien crea en ello), sino, porque tenemos en general pocos momentos a lo largo del año para ello, y la Navidad es una excusa perfecta.

Esta época pone de manifiesto muchas de las emociones que guardamos a lo largo del tiempo, a través de los encuentros familiares, de la energía de amor y perdón que le asociamos, el gran consumismo en el que se ha convertido, al que nos vemos arrastrados, a veces sin darnos cuenta. Todo ello nos hace enfrentarnos a situaciones que llevamos tiempo evitando y nos ayuda a cuestionarnos nuestros valores, más allá de las creencias personales.

A través de estos encuentros, en ocasiones sentimos emociones que nos cuesta gestionar, ya que hay demasiada intensidad concentrada en poco tiempo. En este artículo te vamos a dar unas claves para comprender lo que sucede y cómo gestionarlo para poder disfrutar del aprendizaje que este tiempo nos brinda, y crecer con ello.

El Ser es pureza, luz, amor, es nuestra esencia, lo inmutable… Pero al meterlo en el “traje humano” se nubla, se contiene. Las emociones son el viaje de nuestro Ser a través de esta aventura humana. Como decía Rumi, “Somos estrellas cubiertas de piel. La Luz que tú buscas está dentro de ti”. Regálate este momento del año como un espacio para encontrar tu propia Luz.

Para ello mira las emociones como herramientas que te llevas a un viaje. En cada momento sacas una: para avanzar, para pararte, para descansar, para poner límites… Cada una es necesaria y te conecta con tu Ser si sabes mirarlas. Son un regalo si sabes reconocerlas. Dale a cada una su valor.

Navidad, “momento de Amor”. ¿Qué significa Amor? Aceptar-se, amar-se, respetar-se. Primero a uno mismo. Quizá esta Navidad pueda ser una época de reflexión, un buen momento para decir por primera vez NO, por amor a ti. Es decir, el momento de dejar de convencer, de dejar de necesitar que me comprendan y piensen como yo. Si yo me acepto, no necesito aceptación exterior. ¿Para qué convencer? Si no te escuchan, comprende que no todos pensamos igual, que no todos estamos en el mismo momento, que cada uno tiene su propia realidad. Si aceptas y respetas sin necesidad de cambiar a los demás, y sin pretender que te comprendan, quizá todo cambie.

A veces sentimos vacío por soledad, a veces dolor por ausencias. Aprovecha estos momentos para darte amor a ti, para mirarte. Darte amor en tu soledad, amor en tu tristeza, amor en tu nostalgia…

7 consejos:

  • Respéta-te. Sé consciente que cada persona está en un momento concreto de su desarrollo personal, sin juzgarlo. Cada uno tiene su propia realidad basada en sus vivencias.
  • Acépta-te con tus limitaciones, tus miedos, tus cargas. Así será más fácil que aceptes a los demás, y ellos a ti.
  • Respira. Cuando tengas delante a ese tío, cuñada, hermano.., que hace mucho que no ves, con quien compartes poco y a quien te cuesta comprender e incluso aguantar: respira profundamente y suelta la tensión por la boca. Y mientras, recuerda que probablemente no tendrás que verle/a hasta el año que viene. Entonces, ¿para qué discutir? ¿Para qué intentar convencerle de que tu forma de pensar es la correcta? Él también tiene su verdad. Observa la escena como si fuera una comedia, y ríete de ella.
  • Permítete sentir soledad o nostalgia de alguien que ya no está. Casi siempre tratamos de evitar emociones de dolor y tristeza, pero reprimirlas genera más dolor. Lo que rechazamos nos obsesiona, lo que aceptamos nos libera. Busca algún momento para llorar a gusto, si es lo que necesitas, y una vez liberada parte de esa carga emocional, observa lo bueno que tienes en ese momento en tu vida. A veces no resulta fácil, encontrarlo, pero hasta en los momentos más duros, hay algo hermoso que nos rodea.
  • Observa que tú no eres tu emoción. Si sientes que los compromisos, consumismo, exigencias del momento, etc. te desbordan, simplemente obsérvalo. Reconoce tu emoción, mírala como si de una película se tratara, sin identificarte con ella.
  • Cuida tu cuerpo, como el Templo sagrado que es. Haz ejercicio, camina, aliméntate bien (no te pases con el roscón)…, seguro que lo agradecerá.
  • Diario de gratitud. Dedica cada día unos minutos a escribir algo que agradecer a la vida. Conecta con ese sentimiento de gratitud y verás cómo te sientes mejor.

 

Y aquí te dejamos un cuento de Navidad, especialmente dedicado para ti:

Hace mucho, mucho tiempo, en los comienzos de la vida, los seres convivían en unión y paz. Cada uno aportaba sus capacidades para el bien común, y todos vivían felices. Jugaban unos con otros, había comida para todos y todo era risa y felicidad. Un día, una pequeña niña, con alas delicadas como las de una mariposa, voló más alto de lo acostumbrado. Desde aquella altura observó un lugar oscuro más allá de los confines de su mundo y sintió curiosidad por esa oscuridad; por lo que voló hacia allí. Al llegar a aquel lugar, su sola presencia lo llenaba de luz y color, por lo que no podía encontrarlo. Lo intentó varias veces, pero siempre ocurría lo mismo. Un día, decidió consultar con los sabios de su mundo. “En ese lugar solo reina la oscuridad. Para poder estar allí debes apagar tu luz; y te será difícil volver a encontrar el camino de vuelta a casa.” La niña se preguntó para qué existía ese lugar, si era tan oscuro y no se veía nada. “Una vez que apagas tu luz, tus ojos pueden adaptarse a esa oscuridad y podrás ver ese mundo. Los que están allí eligieron experimentar sensaciones que desde aquí no podemos”, le explicaron los sabios. La niña sintió tanta curiosidad que pidió a les pidió que apagaran su Luz. Así lo hicieron y la niña voló hacia el mundo oscuro. A medida que se acercaba, su luz se iba apagando y sus ojos se iban acostumbrando a ver. Llegó un momento en que la niña se encontró en un lugar desconocido, sola y sintió miedo por primera vez. Eso la aterró y quiso correr. Corrió y corrió hasta quedar exhausta, sin saber dónde estaba ni quién era. Se recostó a descansar y miró al cielo. Allí vio miles de brillantes estrellas y, sin saber por qué, sintió una gran paz en su corazón. Desde entonces cada día mira al cielo y deja que su corazón le acerque más a esas estrellas que brillan a lo lejos. A medida que se acerca a ellas va recordando su origen, la luz de su interior y el camino de vuelta a casa.

Si quiere aprender más sobre la gestión de tu mundo emocional, te invitamos a consultar nuestro próximo Curso vivencial de gestión de emociones. Para más información consulta el enlace en nuestra web http://teramai.es/curso-de-gestion-de-emociones/

Olga Fernández-Villarjubín. Terapeuta holística y bioenergética
Marta Fernández Estacio. Psicóloga clínica y formadora